
Honestamente ya no se que pensar, todo es tan confuso que el segundero que marca el avance del tiempo en mi reloj se posa de a ratos a contemplar como pierdo la cabeza. Ya es lejano el triunfo y más aún la posibilidad de un bienestar seguro. No quiero adelantarme, pero la derrota es el mejor antídoto a ciertas heridas de guerra.




No hay comentarios:
Publicar un comentario